domingo, 9 de diciembre de 2012

HISTORIA DE NUETRA ERMITA


     El culto a San Cristóbal de Licia es de origen oriental, llegando a Occidente después del siglo V, de Constantinopla pasó a Sicilia y de allí a Europa Occidental. Su nombre viene del griego “Christophoros” que significa “Portador de Cristo”, resumen de la leyenda donde el Santo ayudó a un niño a cruzar un río, con  gran esfuerzo, pues dicho infante era Jesucristo que buscaba que San Cristóbal lo sirviera. Es patrón de todo tipo de viajeros, caminantes y conductores y uno de los “catorce santos auxiliadores”.

     Durante la Edad Media fue uno de los santos más venerados y en su honor se hcieron ermitas, templos y monasterios, tanto en Oriente como en Occidente.

     Nadie puede dudar de la importancia estratégica del enclave donde se encuentra la Ermita de San Cristóbal, por lo que no es extraño pensar que el origen de la edificación haya que buscarlo en el carácter militar de la primera construcción. No es descabellado suponer, al igual que similares arquitecturas de toda nuestra zona, que la actual ermita sea el resultado de sucesiva reedificaciones de una originada fortaleza o torre árabe con basamento en talud aprovechando la inclinación del terreno.

     Ese primer fortín pasó, durante la Reconquista, de manos árabes o cristianas según los avatares bélicos se iban sucediendo, hasta que tras la Batalla de las Navas de Tolosa (en 1212) el dominio cristiano quedó totalmente consolidado y al lugar se le empezó a dar el uso al culto que hasta nuestros días ha llegado.

    Los propios priores de la Orden de San Juan fomentaban que los lugares que habían sido tan estratégicos en la línea militar para conseguir los objetivos de la Reconquista en la comarca quedaran totalmente deshabitados y olvidados. Como ejemplo, el propio Villacentenos, donde la fortaleza que había ayudado a la línea defensiva contra los árabes, se habilitó como Iglesia. Algo similar ocurrió en el Cerro de San Cristóbal. Hay que recordar que una forma de intentar consolidar los lugares recién conquistados era repoblarlos y concederles una importancia religiosa a través de las iglesias que se iban fundando o reconstruyendo.

     En éste papel hay que destacar al Arzobispo de Toledo Don Rodrigo Ximenez de Rada que, durante su mandato (1209-1247) visitó incansable todas las nuevas localizaciones para afianzar el poder religioso en la comarca. Así, el tres de febrero de 1226 visitó la incipiente localidad de Herencia donde visitando su Iglesia, estableció una Concordia entre Iglesia y la Orden de San Juan.

     La primera referencia histórica de la ermita lo tenemos en el siglo XVI. En concreto en las “Relaciones Histórico-Geográficas -  Estadísticas de los pueblos de España” que fueron mandadas hacer por el rey Felipe II. En una de las respuestas de este estudio histórico, referidas a Herencia, se manifiesta que “…y saliendo de esta villa por el dicho camino cerca de esta villa hay un cerro raso sin breña aunque es frogoso de cantos y la cordillera es peñascosa y en lo más alto está una ermita pequeña que se dice San Christobal.

     Desde entonces, su relación con el pueblo se ha mantenido hasta nuestros días con los consiguientes altibajos en su valor social según los cambios que se producirían en la localidad con el paso de los siglos.

     En el interrogatorio que el Cardenal Lorenzana mandó realizar sobre los pueblos del Arzobispado de Toledo, el fraile Don Antonio Folgar y Torres, desde Herencia, enumera las ermitas existentes en la localidad indican do que podemos encontrar “extramuros la de San Cristóbal, a menos de medio cuarto de legua del pueblo”

     A mediados del siglo XX, se incrementa, en numerosas localidades españolas, las celebraciones en honor a San Cristóbal. Herencia no es una excepción y, desde la segunda mitad del siglo XX, una asociación inicial, convertida posteriormente en Hermandad, se originó bajo la advocación de San Cristóbal. Automovilistas, taxistas, camioneros y conductores en general, que se han unido desde décadas para festejar a su patrón, extendiendo su actividad a todo el pueblo, con sus populares verbenas, bendiciones de vehículos, así como misas de campaña, novenas y procesiones con la imagen del Santo.



      Fuente:  Angel Martín-Fontecha Guijarro





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