viernes, 1 de febrero de 2013

Antes Ofero, después Cristóforo


 Ofero empezó cruzando a la gente por el río preguntando que donde y como podría servir a Jesús, pero nadie le daba una respuesta correcta. Hasta que un día cruza la corriente cargando a un niño a quien ni siquiera le toma la molestia de preguntarle; ¿qué va a saber aquella frágil criatura? A mitad del camino se hace pesado como un costal, después pesa como si cargara el mundo entero, insoportable, y sólo a costa de enorme sufrimiento consigue llegar a la orilla.
Le pregunta Ofero al pequeño: "¿Quién eres, niño, que me pesabas tanto que parecía que transportaba el mundo entero?" y el niño le aclara: "Teneis razón, peso más que el mundo entero, pues sobre mis hombros cargó con los pecados del mundo. Yo soy Cristo. Me buscabas y me has encontrado. Desde ahora te llamareis Cristóforo, Cristóbal, el portador de Cristo. Al ayudar a cualquiera a cruzar el río, me estareis ayudando a mí." Dijo también el niño a Cristóforo: "Fija en la tierra ese árido tronco que te sirve de báculo, que mañana lo verás, no sólo florido, sino coronado de frutos". En efecto, a la mañana siguiente la estaca seca plantada en el suelo se había trocado en esbelta palmera, con incontables frutos.

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